En el examen del taller, nos toca ilustrar un cuento, yo escogí genio que su historia me llamo la atención por sobre las otras ya el protagonista va en contra e la naturaleza del hombre que es dejar algo a este mundo para que su esencia siga viva, el protagonista se esfuerza en esa idea y al no ser reconocida no quiso que nadie lo hiciera cuando el ya estuviera muerto como es el caso de muchos otros genios, por esto el borra todo su trabajo y se suicida, no dejando ningún rastro de su presencia en esta vida, por eso me gusto trabajar esta idea, representando a mis personaje principal como un ser ya avejentado, como si fuera un ermitaño ya que casi siempre el proceso creativo de alguien es un trabajo solitario que consume mucho tiempo, el protagonista le hice un tercer ojo para representar así sus pensamientos que les dan sus frutos representando su obra como un fuego vivo que con los años se vuelve mas hermoso por todo el trabajo realizado en el. En cuanto a la ciudad de Viena en un principio pensé en incluirla, pero como mi personaje ya era algo simple, quise seguir con esa linea, para ser mas universal en que esta situación es mucho mas global, que mas que el lugar es el ambiente en que se habita puede acomodarse a muchos otras partes.
Los colores los pense como en un lugar mas lugubre por el contraste que se da en la miseria que viven los genios no reconocidos con una especia de resignacion de algunos, en la imagen no se nota bien los colores, pero se juega siempre con los mismos, y se oscurecen o se dan luminosidad entre ellos, nunca era el color en su pureza en si, quedaba muy vivo y no iba con el resultado al que queria llegar.
Ilustraciones
En Viena, donde la desconsideración y la desvergüenza hacia
los pensadores y hacia los artistas han sido siempre máximas y que sin duda,
puede calificarse del mayor cementerio de fantasías y de ideas, y en la que han generado y decaído y sido
aniquilados mil veces más genios de los que realmente han salido a la luz y
llegado a la fama y a la fama mundial.
En Viena, se encontró un muerto en un hotel del centro de la ciudad a un hombre que , con mente
totalmente lúcida, escribió en una nota las verdaderas causas de su muerte y
sujetó la nota a su chaqueta.
Durante decenios, escribió, había perseguido una idea, y
realmente había podido llegar a su término esa idea suya, como es natural una
idea filosófica, en una gran obra, y finalmente todas sus fuerzas habían sido devoradas
por esa idea.
Sin embargo, el reconocimiento que estaba esperaba no se había
producido. Aunque, finalmente, había mendigado ese reconocimiento, le había sido
negado por las instancias y las personas competentes para ello. De nada había servido
que demostrara la inmensidad de su obra. No sólo la envidia de sus colegas,
sino la atmósfera enemiga del espíritu de esa ciudad lo empujaba a su muerte,
su aturdida falta de humanidad.
Sin embargo, como no quería renegar de su carácter, había quemado
su obra antes de suicidarse, había quemado,
y realmente, reducido otra vez a la nada en pocos minutos la obra de su vida, después
de haber necesitado decenios para que surgiera, y no había querido dejara a una
posteridad que en ningún caso la merecía.
La espantosa idea de que él, lo mismo que otros muchos como
él, sólo después de su muerte sería reconocido y por consiguiente explotado y
famoso, le hizo aniquilar sus logros que, realmente, había que valorar mucho
más alto que todo lo pensado y escrito en esta esa esfera.
La ciudad de Viena, así escribiría en su nota para terminar,
vive dese que existe de las obras de sus suicidas geniales, y él no quería ser
un eslabón más de esa cadena de genios.














































